Juan tenía 42 años, trabajaba en una oficina de una empresa, ganaba un buen sueldo y llevaba años compartiendo equipo con los mismos compañeros. Ponía algunos ahorros en el banco y guardaba dólares “por las dudas”.
Juan ya había dado su primer paso. Tenía su cuenta abierta, sus primeros fondos suscriptos y esa sensación de orgullo de haber comenzado. Se sentía un inversor.
Pero a los pocos días, la realidad golpeó a su puerta en forma de un correo electrónico: el resumen mensual de su Agente de Bolsa (ALyC). Al abrir el PDF, aparecieron términos que lo marearon: "Rescate", "Cuotaparte", "Horizonte de inversión", "Volatilidad histórica".